Ética publicitaria en el pasado: Tabaco



Una vez situados en lo que es la ética, la publicidad y su tormentosa relación, entremos en faena. Antes de hablar de situaciones que se viven hoy en día, o en tiempos cercanos, hablemos del pasado y de cómo hemos llegado a la mencionada polémica situación entre la ética y la publicidad. 

Hoy en día parece impensable debido a todas las campañas y esfuerzos que ha habido, pero hubo una época en la que se publicitaba el tabaco como algo bueno, o por lo menos como algo nada perjudicial para la salud. Esa época no era la edad media ni mucho menos, sino hace menos de 100 años. Entre 1920 y 1950 el tabaco se vendió como algo bueno, usando imágenes de famosos o médicos en las gráficas de los anuncios publicitarios. En esa época fumar era elegante, aspiracional socialmente, integrador y hasta saludable para la garganta, la memoria, la digestión y combatir el estrés. 


Hoy en dia esta prohibido por ley hacer publicidad sobre el tabaco, pero en esa época el tabaco campaba a sus anchas en el mundo comunicativo. No había ningún tipo de limitación a la hora de hablar sobre este producto, llegando incluso a decir que los médicos lo recomiendan. Estos actores disfrazados de médicos o dentistas hablaban sin ningún tipo de conocimiento sobre los mencionados beneficios de fumar, hablando de investigaciones y encuestas en las que los doctores prefieren una marca específica porque era mejor para la salud.  Podemos encontrar muchos ejemplos para ilustrar esto , como este anuncio de la marca de tabaco Camel o las gráficas situadas abajo.

Años después se ha demostrado que todos estos beneficios y mensajes eran una gran mentira. Por cosas como esta son por las que se ha ido gastando la imagen de la publicidad y ha hecho que un gran sector de la población lo vea como un engaño. En estos casos, como en muchos otros que iremos viendo, se comunica sin ningún tipo de conocimiento sobre las verdaderas consecuencias o propiedades del producto, demostrando así una gran falta de ética y profesionalidad. La información debe atraer al cliente, por supuesto, pero basándose en la verdad y no en inventos o mentiras enviando una publicidad engañosa con el simple fin de vender.    







Comentarios